Clara Eugenia López Obregón – Porque la apoyo para la presidencia de Colombia


Introducción:

Este comentario, que trata con la precandidatura de la senadora y anterior alcaldesa de Bogotá, Clara Eugenia López Obregón, refleja mi opinión positiva sobre ella, posición que he tenido desde ya muchos años.  La verdad, posición que asumí desde que volví a Colombia en el 2007 después de una vida en los EE.UU.  Desde su participación en los debates presidenciales de 2014 he creído que ella era la mejor opción presidencial para Colombia y por muchas razones, aunque admiro mucho al presidente Petro y también a dos de los otros actuales precandidatos presidenciales del Pacto Histórico, Iván Cepeda y Carolina Corcho.

Clara parece especial por razones complicadas, incluso quizás incoherentes en ciertos aspectos.  De lo que entiendo, de joven, durante los años 70, fue amiga y quizás novia de Álvaro Uribe Vélez, era durante el tiempo cuando él entonces señor Uribe supuestamente era liberal.  El mismo Álvaro Uribe Vélez quien hoy en día es el mayor oponente de lo que ella ahora apoya, pero yo aspiro que, basado en ese pasado, las relaciones de ella con la derecha colombiana (odio las frases ultraderecha y ultra izquierda que solo son peyorativas) podrían ser positivas o por lo menos cordiales, aun habiendo sido ella por ya muchos años definitivamente de izquierda.  Creo que por su experiencia y forma de ser podría lograr una relación política cordial con quienes piensan diferente sin ser media tibia como el señor Fajardo o amarga como el senador Robledo y eso mucho necesitamos en Colombia para minimizar la polarización política, cívica y cultural en la cual nos encontramos.  Ademas, por su extensa trayectoria política, creo que tiene relaciones, si no siempre excelentes, por lo menos adecuadas, con muchos políticos tradicionales que sin denegar su asociación con brechas morales y éticas con respecto al abuso del poder para su propio beneficio, siguen esenciales para lograr reformas importantes, como lastimosamente ha descubierto (o debe haber descubierto) el Presidente Petro.  Lo anterior, en mi opinión, la hace la mejor candidata para lograr el éxito no solo en las próximas elecciones, ampliando en forma importante el anticipado “Frente Amplio”, pero en la gobernanza esencial que necesitaría lograr si su campaña fuera exitosa.  Pero, ademas de esos temas pragmáticos, creo que es la persona más preparada que tenemos en Colombia para enfrentar y resolver en forma positiva los numerosos retos que nos enfrentan.  A diferencia con otros precandidatos nobles y sinceros, Clara es multidimensional en su experiencia, conocimiento y enfoque.

Biografía

Entonces, echémosle una mirada, aunque superficial, a su trayectoria cívica y política.  Datos extensos y específicos al respecto no serán difíciles encontrar.  De acuerdo a Wikipedia, una fuente de poca confianza con respecto a muchas cosas pero, en este caso, pareciéndose neutral, ella quedó huérfana muy joven pero fue “adoptada política y familiarmente” por el líder político liberal Alfonso López Michelsen, presidente de Colombia entre 1974 y 1978 y el primo de su padre.  Ella estudió economía en la Universidad de Harvard y, posteriormente, se licenció en derecho en la Universidad de los Andes.  En la actualidad, es candidata a doctorado en derecho tributario y financiero en la Universidad de Salamanca. 

Durante su estadía en Harvard, se involucró activamente en protestas en contra de la incursión de los Estados Unidos en Vietnam e inicio un cambio filosófico desde sus raíces en el progresismo liberal hacia la izquierda, llegando a entender realidades sobre esa potencia del norte que por tanto tiempo nos ha dominado con desprecio, y que tanto daño nos ha hecho, algo que en los últimos días el señor Trump ha hecho más claro que nunca.  Por eso, a diferencia de mucha de la clase política en la cual nació, ella no ha vendido sus valores y su persona por los beneficios económicos personales con los cuales la oligarquía estadounidense compra la lealtad de tantos líderes en nuestro continente.

Regresó a Colombia en 1974 aceptando un cargo en la Secretaría Económica de la presidencia de Colombia, presidencia ocupada en ese tiempo por su mentor, el liberal Alfonso López Michelsen, movimiento en el cual inicialmente milito pero que abandonó en forma permanente en 1979, al parecer, reaccionando en forma muy inesperada con respecto a una disputa entre los expresidentes López Michelsen y Carlos Lleras Restrepo, irónicamente tomando el lado ideológico a favor de Lleras Restrepo y su pupilo Luis Carlos Galán Sarmiento.  Por lo tanto, se inscribió en el Nuevo Liberalismo, movimiento fundado por Galán y el exalcalde de Neiva, Rodrigo Lara Bonilla.

Como militante en el Nuevo Liberalismo fue elegida concejal y eventualmente presidenta del concejo distrital en Bogotá, eso durante los años 80 y, posteriormente, fue elegida contralora distrital de Bogotá. En el Nuevo Liberalismo apoyó la candidatura presidencial de Carlos Galán en 1982 (no obstante la posición contraria de su anterior benefactor y mentor Alfonso López) pero en 1986 cambio su perspectiva y afiliación política, moviéndose más hacia la izquierda política y salió del Nuevo Liberalismo para afiliarse con la Unión Patriótica desde la cual, en oposición a la candidatura presidencial de Galán en 1986, apoyó a Jaime Pardo Leal quien quedó en tercer lugar en esa contienda antes de ser asesinado en 1987.  En 1988, por primero vez, se lanzó como candidata a la alcaldía de Bogotá bajo la bandera de la Unión Patriótica, elección que fue impactada en forma irónica por el secuestro del candidato que resultó exitoso, quizás por haber sido secuestrado y liberado, el candidato conservador y conocido periodista, Andrés Pastrana Arango, apoyado por su padre, el expresidente Misael Pastrana.

1990 fue un año desastroso para la izquierda colombiana y, en realidad, para toda Colombia.  Bernardo Jaramillo Ossa, el candidato de la Unión Patriótica apoyado por Clara para la presidencia fue asesinado en abril de 1990, después del asesinato de Luis Carlos Galán en agosto de 1989 y antes del asesinato de Carlos Pizarro, también en abril de 1990.  Traumatizada políticamente, como se encontraba gran parte del país, Clara se alejó de la política por casi una década, dedicándose a la academia y respaldando a las ambiciones políticas de su esposo, Carlos Romero, como concejal.  En 2002 volvió a involucrarse en temas de gobernanza cuando fue nombrada Auditora General de Colombia por el entonces presidente, su viejo pretendiente, Álvaro Uribe Vélez, función que ejerció por tres años hasta que se vio obligada a denunciar ante la Corte Suprema de Justicia de Colombia la posible infiltración de organizaciones armadas ilegales de extrema derecha en el Estado Colombiano, eso después de que Salvatore Mancuso, el exjefe máximo de la Autodefensas Unidas de Colombia, dio a conocer que al menos el 35% de los miembros del actual Congreso de la Republica eran aliados suyos. Esa denuncia de Clara dio inicio al proceso investigativo que adelantaría el supremo tribunal, y que derivaría en un proceso judicial que desató un escándalo político en Colombia conocido como la Parapolítica.

Encontrándose ya estigmatizada por el “uribismo” decidió volver a involucrarse en la contienda electoral apoyando la nueva conglomeración política de izquierda, el Polo Democrático Alternativo, partido por el cual aspiró a la Cámara de Representantes en 2006, perdiendo curul por poco más de cien votos.  Por un tiempo después de esa campaña considero una nueva campaña para la alcaldía de Bogotá pero decidió  apoyar la candidatura de Samuel Moreno Rojas quien, como a tantos otros, la engaño por un tiempo con respecto a su falta de ética, algo demostrada por su rol en el denominado Carrusel de la contratación y que resulto en su destitución como alcalde.  Para Clara eso fue una gran decepción pero, a la vez, una gran oportunidad de aprendizaje. 

Como importante asesora en la campaña de Samuel Moreno Rojas Clara fue designada como Secretaria de Gobierno en la nueva administración municipal bogotana lo cual requirió que su esposo, Carlos Romero, renunciara a su escaño en el Concejo de Bogotá.  Como Secretaria de Gobierno, llego a denunciar el caso de “falsos positivos” en la supuesta guerra uribista en contra de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (las FARC) y otros movimientos insurgentes, caso en el cual, para recibir “comisiones” por cada insurgente “eliminado”, táctica sugerida por los gobiernos de George W. Bush y Barak Obama en los EE.UU., miembros de las fuerzas públicas colombianas capturaban a jóvenes inocentes, disfrazándolos de insurgentes para entregar sus cadáveres en cambio recompensas.  En específico, la investigación en la cual participo Clara trató con 19 jóvenes que figuraban desaparecidos y que fueron ingresados por el ejército a medicina legal en la ciudad de Ocaña, Norte de Santander, como muertos en combate.  El resultante escandalo a nivel nacional e internacional culminó con la destitución de 27 oficiales del ejército por su involucramiento en el asesinato de más de tres mil jóvenes inocentes en diversas regiones de Colombia.

Clara ocupó la Secretaría Distrital de Gobierno hasta el 10 de marzo de 2010, fecha en la que fue escogida como fórmula vicepresidencial de Gustavo Petro para las elecciones presidenciales de 2010 en las que alcanzaron más de un millón trescientos mil votos, pero no resultaron elegidos.  Tras la renuncia de Jaime Dussán Calderón a la presidencia del Polo Democrático, el Comité Ejecutivo del partido la proclamó unánimemente como nueva presidenta de esa colectividad, cargo que asumió en abril de 2010. Renuncio a ese cargo temporalmente en junio de 2011 porque, habiendo brotado el escándalo de la corrupción de la administración municipal y la resultante destitución de Samuel Moreno Rojas como alcalde, ella fue escogida el 8 de junio de 2011 por el entonces presidente de la Republica, Manuel Santos, para remplazar a Moreno como alcaldesa encargada, un reto que parecía desagradable e imposible y con desastrosas implicaciones para un futuro político.  Bogotá se encontraba política y económicamente ahogada, después de tres años, solo el 15% del presupuesto se había ejecutado y la confianza de los bogotanos en su gobierno era solo del 7%.  Pero Clara y su equipo lograron milagros.  Aunque solo se esperaba que mantuviera el cargo por solo tres meses, se amplió su periodo hasta el primero de enero de 2012 y su rendimiento fue inesperadamente excelente, tan productivo como el de Moreno había sido desastroso.  En su discurso de posesión prometió que defendería el patrimonio de los ciudadanos rechazando la privatización de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá ETB, pero también preservando para los ciudadanos en su conjunto los otros bienes distritales.  Dirigiéndose al escándalo del denominado carrusel de contratación municipal, prometió transparencia en la firma de contratos y licitaciones.​ De acuerdo a la encuesta Gallup, entro a su cargo en un ambiente de desconfianza total con una aprobación minúscula para salió de su cargo apoyada por el 76% de los ciudadanos, la más amplia aprobación registrada hasta entonces para la alcaldía de Bogotá.  Entre sus numerosos logros se destacaron el plan decenal de agua que por primera vez otorgó de manera gratuita el mínimo vital a las familias más pobres de la capital, el subsidio al transporte público para las personas con discapacidad y sus cuidadores y la expedición de decreto de participación incidente de los ciudadanos en la confección de los planes y programas del gobierno de la ciudad.  Cuando entro a su cargo, después de tres años solo se había ejecutado el 15% del presupuesto municipal autorizado, cuando lo entrego, se había ejecutado, en solo ocho meses, el 95%.[1]

Luego de su rol como salvadora de Bogotá, Clara volvió a las contiendas electorales primero, como la candidata del Polo Democrático para la presidencia de Colombia en las elecciones del 2014 donde obtuvo casi dos millones de votos y ocupó la cuarta posición, y luego, como candidata a la Alcaldía de Bogotá en representación del Polo Democrático, la Unión Patriótica y el Movimiento Alternativo Indígena y Social (MAIS).  

No fue exitosa en esa elección pero el 25 de abril de 2016, Clara fue designada por el presidente Juan Manuel Santos, a quien había apoyado en segunda, como Ministra de Trabajo, cargo que ocupó hasta el 5 de mayo de 2017 cuando renuncio para participar en las elecciones presidenciales de 2018.  Desde el 20 de julio de 2022 ha sido senadora de la Republica.  Además de lo anterior, ha sido profesora de la Universidad del Rosario y Universidad de los Andes.

De nuevo, precandidata a la presidencia

En 2025, Clara confirmó su precandidatura presidencial para las elecciones de 2026 postulándose a través de la coalición política “Unitarios” conformado por cerca de 15 partidos que se presenta como un complemento fraterno al Pacto Histórico.  La meta de su campaña es participar en la consulta del “Frente Amplio” en marzo de 2026. En esa consulta se enfrentarían precandidatos como Roy Barreras, Camilo Romero y la figura que finalmente designe el Pacto Histórico (probablemente o Carolina Corcho o Iván Cepeda), su objetivo siendo la continuación de la transformación iniciada por Gustavo Petro.

En lo personal, no soy miembro del partido político Colombia Humana o del nuevo partido unificado, el Pacto Histórico, aunque a ambos los he asesorado y creo en sus ideales.  No soy “petrista” aunque conozco y apoyo a Gustavo Petro porque esa frase huele demasiadamente al caudillismo en el cual ni él ni yo creemos.  Para mí, como analista político, me es importante ser independiente de organizaciones políticas donde la ética insiste que cada miembro debe acatar a las decisiones colectivas.  Estoy muy de acuerdo con las políticas que la administración actual ha propuesto y por las cuales ha luchado, aunque sin el éxito que merecen, pero me ha preocupado la falta de dirección política personal por parte del presidente, algo que me parece esencial en negociaciones directas con la oposición y hasta con aliados, roles que han asumido diversas personas en formas algo incoherentes.  No obstante esa observación, entiendo que dada la histórica corrupción de nuestros líderes políticos, burócratas, empresarios y medios de comunicación, lograr los cambios transcendentales requeridos para crear la sociedad justa, eficiente e igualitaria que merecemos los colombianos es un tema muy complicado y, en última instancia, parece requerir intervención ciudadana por medio de una nueva constituyente, algo con el cual el presidente Petro y Clara están de acuerdo.  Mi perspectiva con respecto a la constitución colombiana es mucho más drástica que la de ellos, algo sobre cual circulé hace un tiempo un artículo “Porque Colombia ha requerido un nuevo Constituyente desde el 1991”.  Yo creo que los defectos constitucionales son tan profundos que requieren una revisión total de la Constitución de 1991, una constitución larguísima, llena de promesas incumplibles e instituciones incoherentes y en la cual, en importantes partes, los sujetos no son los ciudadanos sino los partidos políticos.  Como ejemplo de lo último solo hay que entender que la prohibición a lo doble militancia les prohíbe a los supuestos representantes del Pueblo votar su conciencia, en vez, siendo legalmente forzados a votar como deciden sus partidos.  En base de lo último, las reformas esenciales propuestas por el actual gobierno para eliminar corrupción y lograr sistemas de salud, pensión, medicina, trabajo, tributo, etc., justos y eficientes han sido derrotadas.

No obstante esa perspectiva compartida sobre la necesidad de una reforma constitucional, no estoy de acuerdo con la manera en la cual Clara cree que se debe implementar una constituyente, eso siendo por medio de democracia directa utilizando tecnologías novedosas para coordinar los esfuerzos.  Pero eso es lo único con lo cual no estoy de acuerdo en las propuestas de Clara.  Me encantaria si fuera posible pero coordinar treinta millones de participantes me parece una tarea imposible, en especial cunado trata con temas tan complicados que requieren conocimiento supremamente complejo sobre derecho, teorías constitucionales, economía, política comparada e historia.

Entonces, ¿por qué no los otros dos precandidatos que también mucho admiro?

Carolina Corcho es una brillante y ética persona con experiencia en temas cívicos y profundo conocimiento sobre el disfuncional sistema de salud colombiana pero carece de experiencia electoral y ejecutiva y todavía es algo unidimensional en su experticia.  Ademas, creo que para ella sería difícil interactuar en forma eficiente con fuerzas políticas y económicas opositoras a las reformas en las cuales ella, como Clara, como Iván Cepeda y como el presidente Petro creen.  Iván Cepeda ha sido entre los mejores legisladores de nuestro país con impecable trayectoria en la lucha contra la corrupción y por la paz, lo admiro enormemente y lo quiero.  Pero carece de experiencia administrativa y ejecutiva y el uribismo y sus aliados son sus enemigos mortales, lo odian aún más que odian al presidente Petro, entonces gobernar en forma exitosa sería difícil, quizás imposible.

Eso deja a Clara que lo tiene todo, la experiencia tanto electoral como administrativa habiendo sido ministra, alcaldesa y senadora, ella tiene los ideales que admiro, los cuales comparte con Carolina e Iván y con el presidente y, tiene la posibilidad de interactuar en forma positiva con diversas corrientes políticas para crear una coalición amplia capaz de implementar importantes reformas.  Como Carolina e Iván, es brillante y ética y progresista, pero con mayor capacidad de unirnos y de minimizar la polarización que tan horriblemente nos infecta. 

Por eso la apoyo.[1]


[1] Por la necesidad de circular esta reflexión en forma expedita, no se ha logrado revisarla en temas de estilo, etc., por lo cual se solicita disculpas.

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© Guillermo Calvo Mahé; Manizales, 2025; todos derechos reservados.  Permiso para compartir con atribución.

Guillermo Calvo Mahé es escritor, comentarista, analista político y académico residente en la República de Colombia. Aspira ser poeta y filósofo empírico y a veces se lo cree.  Hasta el 2017 coordinaba los programas de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Manizales. En la actualidad, participa en entrevistas radiales y televisadas, foros, seminarios y congresos cívicos y edita y publica la revista virtual, The Inannite Review disponible en Substack.com/.  Tiene títulos académicos en ciencias políticas (del Citadel, la universidad militar de la Carolina del Sur), derecho (de la St. John’s University en la ciudad de Nueva York), estudios jurídicos internacionales (de la facultad posgrado de derecho de la New York University) y estudios posgrado de lingüística y traducción (del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de la Florida).  Sin embargo, también es fascinado por la mitología, la religión, la física, la astronomía y las matemáticas, especialmente en lo relacionado con lo cuántico y la cosmogonía.  Puede ser contactado en guillermo.calvo.mahe@gmail.com y gran parte de su escritura está disponible a través de su blog en https://guillermocalvo.com/.


[1] Datos obtenidos desde el artículo sobre Clara López disponible en Wikipedia (https://es.wikipedia.org/wiki/Clara_L%C3%B3pez) revisado el 18 de octubre de 2015.

Porque Colombia ha requerido un nuevo Constituyente desde el 1991

Como ocurre en muchos otros países, en Colombia, al parecer, adoramos a nuestra Constitución.  “Adoramos” es la palabra perfecta por que la tratamos como si fuera una reliquia sagrada no obstante que en casi todas sus metas, posiblemente en todas, ha sido un fracaso.  La “adoramos” pero en poco la respetamos y en menos la cumplimos.  Eso se ha notado en diversas ocasiones por la derecha política y también por la izquierda.  Pero el rechazo a su modificación, una modificación seria, ha sido inmenso.  ¿Y, por qué?

Pues en parte, la realidad es que una reforma eficiente de nuestra Constitución actual tendría que ser tan extensa que resultaría en su remplazo.  Nuestra Constitución está llena de palabras lindas y conceptos hermosos, tantos que es la segunda más larga del mundo.  Pero entre las lindas palabras y los hermosos conceptos están las cláusulas que permiten evadir todas sus promesas.  Un laberinto de requisitos técnicos incumplibles.  Sus promesas han sido ignoradas porque su implementación requiere colaboración política en el Congreso y requiere un Ministerio Publico honesto y eficiente, algo que, por la manera en el cual sus miembros son escogidos, ha resultado imposible.

Para evaluar una constitución, cualquiera constitución, se tiene que medir que tanto se ha logrado cumplir con sus metas.  Hagamos el ejercicio: ¿Se estableció la paz?  ¿Se eliminó la corrupción?  ¿Se logró la equidad?  ¿Se logró la igualdad?  ¿Se logró la justicia?  ¿Se ha eliminó la impunidad?  ¿Se ha disminuido la polarización?  ¿Se ha cumplido con los derechos prometidos?  ¿Se ha logrado la democracia? 

Si somos honestos y objetivos, creo que en ninguno de estos casos fundamentales la respuesta sea sí.  Entonces, ¿para qué sirve esta Constitución?  Bonita si es.  Pero es disfuncional.  ¿Y, por qué?

Pues, en gran parte no es justo decir que no sirve.  Si les sirve a algunos.  A los corruptos, a los ladrones.  A los que tienen el dinero para evadir la justicia.  Pero más que todo, les sirve a los partidos políticos.  Los reales sujetos de la Constitución colombiana del 1991 no son los ciudadanos, ellos son meros objetos.  Los sujetos son los partidos políticos y por ende, los que se benefician de la Constitución son los que controlan a esos partidos. 

Para entender lo anterior se requiere entender la diferencia entre un sujeto y un objeto.  Un objeto es una persona jurídica o natural o institucional sobre cual el poder del estado es ejercido.  Eso incluyo humanos, animales y hasta objetos inanimados, como carros, mesas, comida, etc.  Un sujeto es un objeto que tiene derechos de manejo sobre el poder político que lo impacta, pero derecho y poder real, no meras ilusiones.

En Colombia, los legisladores en el Congreso tienen que hacer lo que dice su partido o pierden sus curules.  No elegimos individuos al Congreso sino partidos.  Lo único que podemos hacer, si las listas electorales son abiertas, es cambiar el orden en el cual los candidatos podrían recibir sus curules.  Nada más.  Por lo tanto, no podemos elegir a quienes nos parecen los mejores y los más honestos líderes políticos para nuestro congreso, o para nuestras asambleas departamentales, o para nuestros concejos municipales.  Eso no es democracia.

En Colombia, planes estratégicos parecen imposibles lograr porque un plan estratégico requiere más de un periodo electoral para completarse, sea de derecha o de izquierda.  Tenemos la absurda noción de, no solo prohibir la reelección, sino también prohibir que una persona que ha ocupado un cargo político ejecutivo, o tiene familiares que han ejercido una función ejecutiva, tenga que esperar un año para superar esas limitaciones que actualmente son inhabilitantes.  Por lo tanto, lo normal es que ningún líder político que busca ascender en sus cargos pueda cumplir el periodo total para el cual fue escogido.  O renuncia un año antes del fin de su periodo legal, o, adiós a una nueva elección.  ¡Qué estupidez!  Esas limitaciones no existen en ningún país exitoso del mundo.

Lo que Colombia requiere, lo que cualquier país requiere, es una constitución decente y eficiente sin promesas incumplibles.  Una constitución escrita en manera comprensible por la ciudadanía.  Y, una sin aspectos plenamente legislativos que no tienen por qué estar incluidos en una obra tan permanente como debe ser constitución.  Una constitución real es algo extraordinario que solo debe tener cuatro funciones: 

  • Primero, crear y delimitar las instituciones estatales.  Es decir, las unidades geográficas y las instituciones gubernamentales como son la legislatura, el ejecutivo, la rama judicial, los procesos electorales, y los medios de control político, y, ademas, las instituciones responsables por la estricta interpretación constitucional y por resolver conflictos entre las diversas ramas del estado.
  • Segundo, toda constitución es inherentemente antidemocrática buscando impedir no solo el poder de la mayoría sino el poder de futuras generaciones.  Todo supuesto derecho fundamental o humano es antidemocrático en ese aspecto.  Pero antidemocrático no implica algo negativo o abusivo, ese aspecto es esencial para proteger la libertad, la autonomía personal y al bienestar y a la independencia de las minorías.
  • El tercer aspecto plenamente constitucional es el de establecer prioridades con respecto al ejercicio del poder, más que todo en temas presupuestales.  La realidad de mucho de lo que se define como “derechos fundamentales o humanos” nada tiene que ver con el concepto de un “derecho”.  Un derecho es inherente, nadie lo da, es eterno, no se puede condicionar.  Entonces, por supuesto, hoy en día, ningún derecho existe ya que ninguno cumple con esos requisitos pero si existen o pueden existir prioridades.  No podemos garantizar la paz, como promete nuestra Constitución, ni un medio ambiente sano, ni la educación, ni la salud, ni viviendas dignas, etc., pero una constitución si podría exigir que los primeros gastos estatales trataran con una función específica, luego, si hay suficiente dinero restante, con otra, y lo mismo hasta que se agota el dinero.  Entonces, en vez de derechos incumplidos, tendríamos prioridades incondicionales delimitadas constitucionalmente.
  • El cuarto y último aspecto trata con su permanencia.  Enmendarla debe ser, no solo difícil, sino que debe requerir de la misma formalidad con la cual se adoptó, y en ambos casos, eso debe, al final, incluir la aprobación directa del primer constituyente, del pueblo, o por plebiscito o por referendo (dependiendo en si hay más que una opción presentada).  Y debe haber proceso dentro de la misma constitución no solo para su enmienda, sino para su remplazo total y eso, por medios no solamente convocados por el gobierno, o por una rama del gobierno, sino por iniciativa popular suficientemente amplia par no resultar en propuestas poco serias o poco apoyadas por el pueblo.

Esos cuatro aspectos y ningunos más tratan con temas que se deben incluir en nuestra carta magna, en nuestra carta política, en nuestra constitución.  Lo que se incluye en una constitución se tiene que cumplir.  Si no se cumple, entonces ahí no debía estar y si esta, se debe de eliminar.

Entonces, si vamos a superar todos los problemas antes mencionados: ¿que debe abordar una constitución decente y eficiente para Colombia?  Pues hay modelos que debíamos investigar, pero no copiar.  Lo que funciona en otras partes no necesariamente funcionaria aquí.  Llegamos a donde estamos copiando conceptos constitucionales desde esa potencia del norte que tanto daño nos ha hecho, y copiados en forma incoherentemente descontextualizada ya que Colombia no es una federación y no aspira a ser un imperio. 

Una república que si me parece que tiene un modelo admirable que nos podría, en parte, funcionar, es la de la República Irlandés.  Ellos gozan de un modelo parlamentario pero no idéntico al inglés.  El modelo de gobierno parlamentario es mucho más democrático que el presidencial y mucho más eficiente.  Eso porque tanto la cámara baja del parlamento, la más importante aunque es denominada los comunes, y el ejecutivo son internamente ligados y cuando no están de acuerdo, en vez de congelarse la gobernación, hay nuevas elecciones para la cámara baja (y, por ende, el ejecutivo) y es el pueblo el que resuelve la crisis.  El parlamento escoge el primer ministro, quien es el jefe de gobierno pero no el jefe de estado, y el parlamento y el primer ministro, conjuntamente, escogen los jefes de los diversos ministerios.  La cámara alta, el senado, es muy innovadora ya que no es democrática, como es la cámara de los comunes, sino pluralista.  Sus miembros no son elegidos popularmente sino por diferentes segmentos de la sociedad.  Algunos son nombrados por el presidente (el jefe de estado, diferente siempre que el primer ministro), otros son elegidos por los sindicatos, otros por las universidades, otros por las cámaras de comercio, etc.  Y el presidente es elegido popularmente siendo la única persona elegida a nivel nacional.  El presidente es encargado más que todo con control político, con las fuerzas armadas y con temas diplomáticos.  Eso permite gobernanza por un tiempo indeterminado, un tiempo que podría ser o muy largo o muy corto, dependiendo en la voluntad popular.  El periodo electoral constitucional es de cinco años, pero no hay límites sobre re-elección.  Al mismo tiempo, podría ser más corto si el primer ministro pierde la confianza del parlamento o si el primer ministro, queriendo aumentar su respaldo en el parlamento, disuelve al parlamento y convoca elecciones tempranas. 

Quizás el aspecto que más admiro del sistema estatal de la Republica Irlandesa es el electoral.  Como en Colombia, las elecciones a los comunes se basan en listas, pero las listas no se conforman por los partidos sino por los electores en forma individual.  Por ejemplo, en el sistema colombiano actual, el Departamento de Caldas es representado en la Cámara de Representantes por cinco personas.  Pero los electores solo pueden votar por una y, al votar por esa, su partido y todos sus otros candidatos reciben el apoyo.  En la Republica Irlandesa, cada ciudadano tendría cinco votos, y los colocaría en orden de prioridad sin consideración de diferencias partidistas, creando así su propia lista.  Así se mantiene el concepto de proporcionalidad entre los diversos grupos de candidatos, sean por partido o independientes, pero no se obliga a que el voto sea limitado a un partido.  Ademas, una vez elegidos, los parlamentarios votan su conciencia y no pueden ser destituidos por diferencias entre ellos y sus partidos.

Entonces, tanto la derecha representada por los seguidores del expresidente Álvaro Uribe Vélez y la izquierda representada por el actual presidente de Colombia, Gustavo Francisco Petro Urrego, en parte, tenían la razon cuando decían que Colombia necesitaba un nuevo constituyente constitucional, pero ambos estaban equivocados cuando deseaban limitar los temas constitucionales a los cuales se limitaría esa convocatoria.  Necesitamos iniciar de nuevo porque los cambios esenciales para lograr un país democrático, libertario, equitativo, justo y libre de corrupción e impunidad necesitan un sistema muy diferente al que tenemos y al que siempre hemos tenido.  Un sistema en el cual son los individuos y no los partidos que gobiernan.  Pero por esa razon, los que ahora dominan el poder, tanto los de derecha como los de centro, izquierda y los meramente pragmáticos están totalmente en desacuerdo con un nuevo constituyente ilimitado.  Para ellos, su peor pesadilla es la devolución del poder al pueblo, en especial, si no logran dominar sus decisiones electorales por medio del temor, por medio de las mentiras, por medio de la manipulación o por medio de la corrupción.

Nuestra Constitución actual no es más que un rompecabezas conformado de montones de acuerdos políticos entre personas que buscaron beneficiarse personalmente y beneficiar a sus diversas agrupaciones politicoeconómicas y sociales.  Un rompecabezas incoherente, uno lleno de contradicciones irresolubles.  Por eso ha resultado imposible cumplir con sus numerosas hermosas promesas.  Un cambio de vestido o un poquito de maquillaje no serán adecuados para reformarla.

Una Colombia ideal, una Colombia utópica en temas de su gobernanza es posible, una Colombia mucho más eficiente y realmente honesta.  Una Colombia mucho más equitativa y justa.  Y eso es, no solo posible, sino probable.  Pero necesitamos desamarrarnos de los enlaces maquiavélicos con los cuales nuestros representantes nos enlazaron en 1991.

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© Guillermo Calvo Mahé; Manizales, 2024; todos derechos reservados.  Permiso para compartir con atribución.

Guillermo Calvo Mahé es escritor, comentarista, analista político y académico residente en la República de Colombia. Aspira ser poeta y a veces se lo cree.  Hasta el 2017 coordinaba los programas de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Manizales y, entre las asignaturas que dictaba con relevancia a este artículo estaban Teoría Constitucional, Gobierno y sistemas políticos comparados, y, Derechos Humanos.  En la actualidad, participa en entrevistas radiales y televisadas, foros, seminarios y congresos cívicos y edita y publica la revista virtual The Inannite Review disponible en Substack.com/.  Tiene títulos académicos en ciencias políticas (del Citadel, la universidad militar de la Carolina del Sur), derecho (de la St. John’s University en la ciudad de Nueva York), estudios jurídicos internacionales (de la facultad posgrado de derecho de la New York University) y estudios posgrado de lingüística y traducción (del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de la Florida).  Sin embargo, también es fascinado por la mitología, la religión, la física, la astronomía y las matemáticas, especialmente en lo relacionado con lo cuántico y la cosmogonía.  Puede ser contactado en guillermo.calvo.mahe@gmail.com y gran parte de su escritura está disponible a través de su blog en https://guillermocalvo.com/.